Mañana, como cada año, se celebra una de las fiestas por las que se nos conoce en todo el mundo, la tomatina de Buñol, a 30 km de Valencia, una verdadera batalla donde las armas son tomates maduros… un verdadero delirio.
La tomatina empezó a celebrarse en 1944 cuando un grupo de jóvenes que asistian a un desfile de disfraces empezó sin más a tirarse tomates, y de ahí se desencadenó una batalla en la que participó toda la ciudad.
Al mediodia un cañonazo da inicia a la batalla, camiones llenos de tomates llegan a la central plaza del ayuntamiento. La tensión sube y la gente grita To-ma-te, to-ma-te, hasta que los que van en los camiones les lanzan los maduros y jugosos tomates encima, todos se vuelven locos, y millones de tomates vuelan de un lado a otro. No es una fiesta apta para mirones, ya que todos los presentes son un posible objetivo. Trás una hora de “guerra” otra explosión anuncia el fin de la hostilidad.
Entran los bomberos que con sus mangueras limpian casas, calles y a los presentes. Llegua la calma después de la tormenta y la gente va a sus casas para cambiarse y seguir con la fiesta, ya más común donde los tomates dan paso a los conciertos.